Aprender de las equivocaciones

Tengo 27 años y esta es mi historia personal y el hecho que marcó mi vida. Luego de casi un año de salir y ver que podíamos proyectar una vida juntos, decidimos convivir, primero en mi departamento y luego nos mudamos a uno de mayor tamaño.

Ambos trabajábamos y recién nos encontrábamos cada día a partir de la media tarde en que llegaba yo, y más tarde ella. Esa era la semana,  durante los fines de semana visita a la familia, yo creyendo o no quería darme cuenta de que estábamos marchando hacia un camino dañino para la pareja no solo por la rutina sino que trasladábamos la rutinaria quietud de la semana, la falta de compartir momentos o cosas juntos, a los fines de semana, de encerrarnos en el departamento nuestro, al de la familia.

En nuestro segundo año comenzó la caída de nuestra relación, su intolerancia, el enojo ante cada pregunta o propuesta de hacer algo, pensando que eran momentos de desconcierto como pasa a cualquier persona, Yo creía que todo estaba bien tal como estaba, sin entender cuál era el origen del rechazo, la falta de diálogo. La irreconciliable situación culmino con su pedido de que me marchara del departamento, lo que realicé con mi cabeza llena de preguntas, de dudas, sin entender el porqué y cómo se llegó a esto.

Luego cuando vos Alberto a través de esta página donde acudí con la simple pregunta de “que pasó”, viste la situación a través de los email que nos enviábamos y me dijiste que no estábamos viviendo sino vegetando los tres, ella, yo y la pareja, que me olvidé de que al amor es como las plantas, hay que regarlo, cuidarlo, nutriéndolo constantemente, y sí , recién allí comprendí que había dejado de preocuparme por nuestra relación, por la pareja, como que la misma estaba con piloto automático y se controlaba y cuidaba sola, no compartíamos nada más que el departamento, sin reuniones con amigos que ya no visitábamos, de compartir una cena o un trago en algún lugar, de compartir momentos de esparcimiento, casi se diría que recluí a nuestra pareja,  y así se fue minando ese amor que en algún momento nos unió.

Hoy después de un tiempo estoy conociendo una persona con la que intentamos iniciar una relación, constantemente recuerdo tus palabras, de que las equivocaciones nos ayudan a aprender, a corregirnos, a crecer, solo se debe tratar de no tropezar con la misma piedra, y darse cuenta que la persona que tenemos al lado también tiene una vida propia, deseos, cosas que le gustaban y le gusta hacer.

Enviado por Federico,Cuzco, República del Perú


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